Es septiembre del setenta y pico y se acaban las vacaciones de verano. Los niños empiezan ya el colegio y la familia Echeverría se reúne en el jardín para despedir el verano como cada año.
Después de la comida familiar, Reme lleva la bandeja del café para acompañar a unas pastitas que ha comprado doña Fedora que están de escándalo. Doña Fedora, doña Charo y doña Sofía las probaron el otro día, cuando fueron al pub, y el camarero, Tobías, les dijo que en el súper las encontrarían fijo y a muy bien de precio.
Seguramente los pondrá hiperactivos, pero los pequeños dan buena cuenta de unas coca-colas mientras juegan al veo veo. Habrá que disculpar a la familia porque todavía no saben mucho de los efectos de la cafeína...
Sofía, pensativa, sirve el café que ha traído Reme...
-Alberto, llevo todo el verano dándole vueltas a la traducción de un nuevo autor francés de aúpa -dijo el señor Manuel-. A ver si te paso la novela y me dices qué te parece.
-Ya tenía ganas de volver al trabajo -contestó su hijo entre risas-. Los niños son más agotadores que una jornada laboral.
Doña Sofía salió rápidamente de su ensimismamiento.
-Habrase visto, Fefé -dijo a su suegra-, qué cosas tiene Alberto. ¡Pero si de los niños me encargo yo de todo!... ¡y todo el año!
-Ay, hijita, qué me vas a decir. Buen chico Albertito, pero es un antiguo. ¡Más que su padre!
Pedrito, que oye que hay jaleo, se acerca a cotillear lo que hablan los mayores.
-Hijo mío, creo que están hablando de ti -don Manuel se reía-. A ver qué ejemplo le das a Pedrito...
-A ver, que no cunda el pánico, que Sofía exagera... Si soy un padre abnegado: ¡El otro día jugué con los niños al Monopoli!
-¿Será posible? pero si eso no es nada. Con todo el trabajo que dan los niños y ¿tú nos dices que jugaste con ellos al Monopoli?
-Bueno, bueno, haya paz. Vamos a despedir al verano con amor y concordia -se reía don Manuel-. Eso sí, luego le das un garrotazo a mi hijo, por jeta.
-A ver, cielo, ahora en serio. Si me necesitas con los niños, tú dímelo que yo colaboraré más... -dijo don Alberto a su esposa.
-Muy bien, pues sí que te lo voy a ir diciendo, Alberto. Porque yo ahora voy a necesitar más tiempo para mí...
Carlota, que, al igual que su hermano, no perdía ripio de la conversación, se acercó a su abuela.
-Abuela, ¿por qué se enfadan los papas?
-Cielito, no se enfadan. Es que tu mamá se está emancipando. Pero tú tranquila, que eso está bien. A ti te va a abrir el camino... -le dijo guiñándole un ojo.
-Ah, ¡entonces yo seré una mujer emancipada! -contestó Carlota muy contenta, aunque sin saber muy bien lo que significaba aquello.
-La abuela dice que voy a ser una mujer emancipada -dijo muy orgullosa a su hermano.
-Ah, pues muy bien -le dijo Pedrito animándola.
-¿Y tú? ¿Tú también quieres ser un hombre emancipado?
-Pues no sé -le contestó pensativo-, yo es que quiero ser médico.
Sofía se acercó a su suegra y le dijo al oído que quizá había llegado el momento de "decirlo".
-Pues sí, querida, tienes toda la razón. Es el momento perfecto.
-Alberto, tu mujer tiene novedades -dijo doña Fedora a su hijo.
-Cariño -dijo doña Sofía solemne-, sí que voy a necesitar tu colaboración porque voy a volver a estudiar. Quiero sacarme el graduado... y después quiero trabajar y seguir estudiando.
-Pues de verdad que aplaudo esta noticia, cariño -dijo don Alberto a su esposa-. Siempre te ha gustado estudiar y me parece una idea estupenda que quieras trabajar fuera de casa.
-Bueno, bueno, eso está muy bien -dijo doña Fedora socarrona-, pero a ver si le echas un cable de verdad para que pueda con todo.
Don Manuel reía divertido: "Ay, Alberto, ¡que vas a tener que hacer más cosas que jugar al Monopoli!"
Y así siguieron hablando y riendo. Celebrando el inicio de un nuevo curso escolar que se presentaba muy interesante...
-¿Has oído, Carlota? ¡Mamá va a ir al cole!
-Sí, Pedrito. ¡Como nosotros!
-Chicos, queréis otra coca-cola?
-Vale, vamos a brindar por el nuevo curso, que quiero sacar buenas notas -dijo Carlota.
-Pero si las sacas siempre.
-Por eso...
Y así acabó la tarde. Los más pequeños siguieron hablando de sus cosas y jugando al veo veo. Al parecer, todos tenían planes para el nuevo curso...
El final
del verano
llegó,
y tú partirás.
Yo no sé
hasta cuando,
este amor
recordarás.
Pero sé
que en mis brazos,
yo
te tuve ayer.
Eso sí
que nunca,
nunca yo
olvidaré....
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CONTINUARÁ... |