viernes, 16 de septiembre de 2022

Capítulo 6: Nuevas vecinas



Greta Gómez y su hija Lola acaban de llegar al barrio. Vienen de muy lejos dispuestas a empezar una nueva vida. Ha sido difícil, pero por fin han llegado al que será su nuevo hogar, un local con vivienda de lo más cuco.



-¿Te gusta, Lola?




-Mucho, mami. ¡Es todo taaan bonito!




-Yo voy a ir ahora a trabajar un poquito mientras tú te quedas aquí jugando, ¿vale?. Así yo limpio un poco y lo dejo todo listo antes de cenar -le dijo su madre- ¡Que mañana abrimos, Lola!



- Mami, yo me quedo aquí viendo la tele. ¡Que es la hora de La familia Addams!
-Vale, cielo, pues tú quédate aquí tranquilita viendo la tele mientras yo recojo. Luego preparo la cena en un plis plas y nos vamos prontito a dormir. Cualquier cosa, me avisas. Yo estaré pendiente.




- Ya empieza, mami, ¡ya empiezaa! -gritaba la pequeña toda entusiasmada (Lola era muy fan de La familia Addams, por eso le gustaba tanto su pichi negro).






-Vaya, parece que no me va a echar mucho de menos -pensó Greta, divertida.





Así que Greta se dedicó a limpiar su adorada peluquería para tenerlo todo listo para la inauguración, que era el día siguiente. Había costado llegar allí, pero lo había conseguido. Un nuevo hogar para ella y para Lola, lejos del pasado y plagado de sueños y nuevas ilusiones. Todo iría bien.




Últimos retoques ...




... y un repasito al suelo.



Probando la nueva instalación eléctrica, Greta se dio cuenta de que tenía una peluquería maravillosa.




Y se emocionó...




¡Las chicas del barrio iban a tener una peluquería de lo más moderna y glamourosa!




CONTINUARÁ...



viernes, 9 de septiembre de 2022

Capítulo 5: El final del verano




Es septiembre del setenta y pico y se acaban las vacaciones de verano. Los niños empiezan ya el colegio y la familia Echeverría se reúne en el jardín para despedir el verano como cada año.

Después de la comida familiar, Reme lleva la bandeja del café para acompañar a unas pastitas que ha comprado doña Fedora que están de escándalo. Doña Fedora, doña Charo y doña Sofía las probaron el otro día, cuando fueron al pub, y el camarero, Tobías, les dijo que en el súper las encontrarían fijo y a muy bien de precio. 





Seguramente los pondrá hiperactivos, pero los pequeños dan buena cuenta de unas coca-colas mientras juegan al veo veo. Habrá que disculpar a la familia porque todavía no saben mucho de los efectos de la cafeína...



Sofía, pensativa, sirve el café que ha traído Reme...




-Alberto, llevo todo el verano dándole vueltas a la traducción de un nuevo autor francés de aúpa -dijo el señor Manuel-. A ver si te paso la novela y me dices qué te parece. 

-Ya tenía ganas de volver al trabajo -contestó su hijo entre risas-. Los niños son más agotadores que una jornada laboral.





Doña Sofía salió rápidamente de su ensimismamiento.

-Habrase visto, Fefé -dijo a su suegra-, qué cosas tiene Alberto. ¡Pero si de los niños me encargo yo de todo!... ¡y todo el año!

-Ay, hijita, qué me vas a decir. Buen chico Albertito, pero es un antiguo. ¡Más que su padre!





Pedrito, que oye que hay jaleo, se acerca a cotillear lo que hablan los mayores.

-Hijo mío, creo que están hablando de ti -don Manuel se reía-. A ver qué ejemplo le das a Pedrito...

-A ver, que no cunda el pánico, que Sofía exagera... Si soy un padre abnegado: ¡El otro día jugué con los niños al Monopoli!




-¿Será posible? pero si eso no es nada. Con todo el trabajo que dan los niños y ¿tú nos dices que jugaste con ellos al Monopoli?

-Bueno, bueno, haya paz. Vamos a despedir al verano con amor y concordia -se reía don Manuel-. Eso sí, luego le das un garrotazo a mi hijo, por jeta.




-A ver, cielo, ahora en serio. Si me necesitas con los niños, tú dímelo que yo colaboraré más... -dijo don Alberto a su esposa.

-Muy bien, pues sí que te lo voy a ir diciendo, Alberto. Porque yo ahora voy a necesitar más tiempo para mí...




Carlota, que, al igual que su hermano, no perdía ripio de la conversación, se acercó a su abuela.

-Abuela, ¿por qué se enfadan los papas?

-Cielito, no se enfadan. Es que tu mamá se está emancipando. Pero tú tranquila, que eso está bien. A ti te va a abrir el camino... -le dijo guiñándole un ojo.

-Ah, ¡entonces yo seré una mujer emancipada! -contestó Carlota muy contenta, aunque sin saber muy bien lo que significaba aquello.





-La abuela dice que voy a ser una mujer emancipada -dijo muy orgullosa a su hermano.

-Ah, pues muy bien -le dijo Pedrito animándola.




-¿Y tú? ¿Tú también quieres ser un hombre emancipado?

-Pues no sé -le contestó pensativo-, yo es que quiero ser médico.




Sofía se acercó a su suegra y le dijo al oído que quizá había llegado el momento de "decirlo".

-Pues sí, querida, tienes toda la razón. Es el momento perfecto.





-Alberto, tu mujer tiene novedades -dijo doña Fedora a su hijo.

-Cariño -dijo doña Sofía solemne-, sí que voy a necesitar tu colaboración porque voy a volver a estudiar. Quiero sacarme el graduado... y después quiero trabajar y seguir estudiando.




-Pues de verdad que aplaudo esta noticia, cariño -dijo don Alberto a su esposa-. Siempre te ha gustado estudiar y me parece una idea estupenda que quieras trabajar fuera de casa.

-Bueno, bueno, eso está muy bien -dijo doña Fedora socarrona-, pero a ver si le echas un cable de verdad para que pueda con todo.

Don Manuel reía divertido: "Ay, Alberto, ¡que vas a tener que hacer más cosas que jugar al Monopoli!"




Y así siguieron hablando y riendo. Celebrando el inicio de un nuevo curso escolar que se presentaba muy interesante...





-¿Has oído, Carlota? ¡Mamá va a ir al cole!

-Sí, Pedrito. ¡Como nosotros!



-Chicos, queréis otra coca-cola?




-Vale, vamos a brindar por el nuevo curso, que quiero sacar buenas notas -dijo Carlota.

-Pero si las sacas siempre.

-Por eso...



Y así acabó la tarde. Los más pequeños siguieron hablando de sus cosas y jugando al veo veo. Al parecer, todos tenían planes para el nuevo curso...




El final
del verano
llegó,
y tú partirás.
Yo no sé
hasta cuando,
este amor
recordarás.

Pero sé
que en mis brazos,
yo
te tuve ayer.
Eso sí
que nunca,
nunca yo
olvidaré....








CONTINUARÁ... 





viernes, 2 de septiembre de 2022

Capítulo 4: El doctor Castaneda y el momento "eureka"

Si hacemos memoria, recordaremos que doña Fedora tuvo una idea magnífica: presentar al doctor Castaneda a su consuegra doña Charo y a su nuera, Sofía, que estaba padeciendo una migraña terrible. 


El doctor les hizo un huequito y las atendió rápidamente en su consulta...

-Queridas mías, os presento a un médico excepcional y mejor amigo -les dijo doña Fedora-: el doctor Carlitos Castaneda. Una eminencia de médico con una visión de la salud de lo más holística...

-Fedora siempre tan amable -dijo el doctor-. Estaré encantado de atenderlas.


-Se trata de mi hija -dijo doña Charo.

-Tengo desde ayer una migraña terrible, doctor -dijo doña Sofía.

-La niña es que le ha estado dando bastante a los Nolotiles y nos tiene preocupadas -añadió doña Fedora-. A ver si hay otra solución tan efectiva pero menos fuerte...


- La buscaremos, querida Fedora -contestó el doctor Castaneda-. A ver si podemos tratar el asunto sin tanta química. Que si hay que ir, se va, pero ir para nada es tontería.

Mientras hablaban, el doctor no podía quitar los ojos de doña Charo. De pronto sintió en el pecho un "je ne sais quoi-un qué sé yo" que le dio como un vahído taquicárdico... Mon dieu... 




Doña Charo, por su parte, también notó un cierto cosquilleo y le hicieron los ojos chiribitas... Aquel hombre tan exótico, aquella trenza tan exuberante, aquella educación y saber estar...


-Señoras mías -dijo el doctor sentado y recomponiéndose del flechazo-, lo primero será hacer un reconocimiento a fondo de la paciente, por supuesto.



El doctor hizo pruebas a doña Sofía. La miró de frente y de lado, por dentro y por fuera...


... Hizo, en definitiva, todos los reconocimientos y pruebas pertinentes.


Por último habló con doña Sofía y echó mano de sus conocimientos en psicología de última generación.

-Sofía, querida. Nada orgánico causa esta migraña tuya. Así que no me queda otra que preguntarte: ¿hay algo que te acongoje?


Después de un poquito de charla y de alguna lagrimilla, doña Sofía tuvo algo así como una revelación y se encendió cual bombilla (tal y como se puede apreciar en la foto).

-Señoras, creo que Sofía ha encontrado la solución a su migraña. 

-Qué alegría -respondieron suegra y consuegra al unísono-.

-Mamá, Fedora... Quiero hacer carrera y trabajar fuera de casa; quiero ser una mujer independiente además de madre y esposa. Me sentía culpable, pero ya no. Y curiosamente siento ahora mi cabeza despejada e indolora.

Doña Charo y doña Fedora estaban muy felices con este desenlace tan rápido y feliz. 

-Adelante, mi niña -la animó doña Charo-. A ti siempre te gustó estudiar y hacer tus cosas. Fue el paleto de tu padre, el que no quiso que estudiaras más porque eras una chica. Ahora es tu momento, cariñete.




-Pues maravilloso entonces -dijo el doctor, admirado de las palabras de doña Charo y lamentando que tuviera un marido tan zoquete-. Me pongo a su disposición para lo que necesiten, señoras mías. Una vez más se demuestra que para muchos desórdenes psicosomáticos lo que va mejor tomar... son decisiones. 



-Tanto gusto, Sofía -dijo el doctor a su iluminada paciente-. Sigue tan enfocada como vas y para adelante.

-Muchas gracias por todo, doctor -dijo doña Sofía.



Cuando salieron de la consulta, estaban tan contentas que pensaron en celebrarlo a lo grande. Doña Fedora las llevó a un bar muy chic que conocía por el barrio.


-Bien está lo que bien acaba -dijo doña Charo-. Qué orgullosa estoy de ti, hija mía. Esto es un cambio de ciclo, un nuevo paradigma en la familia.

-Estupendo -dijo doña Fedora ya con el cava en la mesa-. Celebremos pues ese cambio de paradigma...

El camarero Tobías, que estaba sirviendo pastas de té a la clientela, estaba muy atento y de forma muy profesional controlaba la sala.






Se acercó a la mesa de Doña Sofía, Doña Charo y Doña Fedora 
y les ofreció unas pastitas para acompañar el cava.


-Sofía -dijo doña Fedora levantándose-, brindemos por este nuevo objetivo que te has marcado, querida. Te deseo que disfrutes, tanto del camino, como de la llegada a meta...

-A tu salud, cielo -dijo doña Charo emocionada-. Estoy tan feliz...



Y aquí dejamos el capítulo de hoy. Celebrando por todo lo alto un cambio de rumbo importante en la vida de doña Sofía...








CONTINUARÁ...